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abril 2019

Podcast #368: The Mountains of the Moon (1990), de Bob Rafelson

en Podcast/Uncategorized

A fines de los años 60, después de crear a The Monkees y volverse millonario produciendo Easy Rider, Bob Rafelson estaba al centro de la industria. Veinte años después, en 1990, era un director totalmente al margen aunque en camino de realizar su proyecto más ambicioso: narrar la historia de la amistad y enemistad entre Richard Francis Burton y John Hanning Speke, los exploradores británicos que descubrieron el origen del río Nilo. Financiado nada menos que por los productores de Rambo, Rafelson sabía que su película rendía homenaje a superproducciones del pasado y que, por lo mismo, el grueso del público la imaginaría como una «antigüedad», sin embargo apostó todo a que el futuro le daría la razón. Y estaba en lo correcto. En los años siguientes no hubo nada parecido a Las montañas de la Luna -lo más cercano hasta hoy es Master and Commander (2001), de Peter Weir-, pero hoy es posible apreciarlo como lo que es: un filme sin tiempo. De eso y de mucho más hablamos en este podcast.

GODARD SONRÍE

en El canon

Se le ve relajado. Manos en los bolsillos, sombrero negro bien calado y chalina bajo su vestón, recibiendo los otoñales rayos de sol frente a la puerta de la Cinemateca suiza -donde acaban de homenajearlo-, Jean-Luc Godard luce como un sujeto pleno. ¡Y sonríe! El eterno malhumorado, crispado, crítico y autocrítico; hombre de denuncias, diatribas y manifiestos; cineasta en perenne guardia, pie de guerra y al ataque, parece haberse tomado unas breves vacaciones de su colérico mito y esboza una serena sonrisa para la cámara.

Ocurrió el jueves recién pasado: Godard que jamás acude a festival, evento o celebración alguna (y menos ahora, a sus 88 años), salió por la puerta de su casa en el pueblo suizo de Rolle y recorrió los 30 kilómetros que lo separaban de Lausanne, para arribar a la sede de la Cinemateca, donde actualmente se celebra el 75º congreso de la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF). Nadie esperaba que fuese en persona a recibir un premio a la carrera -el año pasado, en pleno Festival de Cannes, hizo su conferencia de prensa por FaceTime-, pero subió al escenario, se dejó entrevistar (más bien, monologó) y pareció hasta disfrutar las atónitas miradas de los asistentes, ya que para todos los efectos cinéfilos, cualquier avistamiento de JLG equivale a ver al Yeti. Bien lo supo su fallecida amiga Agnès Varda, quien incluso llora en la escena más amarga de su documental Rostros y lugares (2017), cuando llega hasta la casa de Jean-Luc y toca el timbre, pero él no está o no le abre. La señal no puede ser más clara. Varda había decidido, heroicamente, que sus últimos años serían puertas afuera, siempre activa, en diálogo y en viaje. El enclaustrado Godard, en cambio, declara su presencia por omisión, invirtiendo las energías que le quedan en el acto de “no estar”; como si él mismo ya hubiese decidido que pertenece más a la historia del cine que al mundo de los vivos. 

Es lo que se percibe en muchas secuencias de Le livre d’image (2018), película con la que ganó una Palma de Oro especial en Cannes, que acaba de ser exhibida en el reciente Festival de Cine Francés y posee alguna chance de reaparecer pronto en nuestra cartelera: se trata de un animado collage de imágenes, presidido por una voz -la suya- que por instantes suena como un gruñido, y en otros como un quejido o incluso un murmullo; el aliento de alguien a quien le fallan las fuerzas (poco antes del rodaje sufrió un ataque al corazón), pero cuyas ideas en torno a la radical transformación de la mirada en la era digital se vuelven lo bastante urgentes y torrenciales como para hacerle perder el equilibrio y tropezar, para luego levantarse y comenzar a girar en banda otra vez.

Quien le haya acompañado en su inmenso recorrido artístico, sabe que ello no es novedad: en la historia de la imagen, Godard es el rarísimo caso de un creador capaz de abrazar con pasión sus contradicciones, sus callejones sin salida, los momentos en que no ha estado “a la altura”; alguien que necesita de incertezas y pasos en falso para alumbrar un camino diseñado a su manera, sabiendo que tarde o temprano igual arribará a puerto.

Tal vez por eso me alegra tanto verle así, en la foto: con rostro de “recién llegado”; en actitud de calma tras mil y una peripecias, tras mil y una imágenes. Lo más probable es que ese estado no le dure mucho y el tren vuelva a salir de la estación: en una entrevista que hoy transmitirá el canal suizo RTS (que ya publicó algunos extractos en su web), el repuesto director -cigarro en mano- asegura que le gustaría filmar una película sobre “esta Francia actual, de chaquetas amarillas y en estado de pánico”. Manos a la obra, Jean-Luc.

Christian Ramírez

Podcast #367: Tetsuo. The Iron Man (1989) y Tetsuo. The Body Hammer (1992), de Shinya Tsukamoto

en Podcast

Treinta años después de su estreno, Tetsuo, The Iron Man sigue viéndose vertiginosa, extrema y llena de una energía que se desborda en diversos significados y lecturas que pueblan sus densos 66 minutos de duración: lucha de clases, homoerotismo, el temor a la posesión, el mito del homúnculo y la tecnología como amenaza, son algunas de las claves que después se repiten en Testsuo: The Body Hammer, cinta que no es una secuela ni un remake, pero que tropieza un poco al mezclar más ingredientes en la juguera. El resultado no está a la misma altura del filme inicial, pero juntas conforman una de los ciclos más influyentes del sci fi japonés.

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