Directores: Kathryn Bigelow

¿Qué tiene de raro que una mujer una sea el principal candidato para ganar el Oscar 2010 a Mejor Director? Nada, salvo que es la primera vez.
No es ni una predicción ni nada. Más bien tiene sabor a verdad anunciada: la directora Kathryn Bigelow figura casi en todas las listas de entendidos en la carrera por los próximos premios Oscar. Y figura al tope. Más extraño aún es que la están candidateando por la estupenda The hurt locker, una producción que sólo podría ser clasificada como película de guerra, un género que -si le hacemos caso a la historia- a la Academia no le motiva en absoluto: el último filme de acción que ganó un Oscar fue Gladiador, en 2000; y, si nos limitamos a las películas de guerra, hay que retroceder hasta el 86, con Pelotón.
Claro que The hurt locker está lejos de los excesos de la primera y la demagogia de la segunda. Ambientada durante los primeros meses de la segunda guerra de Irak relata los últimos 39 días del extenso turno de un agotadísimo equipo desarma bombas. Se trata, en esencia, de obreros ultracalificados insertos dentro de una disciplina militar que comienza a perder sentido a pasos acelerados. No sólo porque es inhumano ir a la guerra, sino porque -de un tiempo a esta parte- pelearla significa también lidiar con contratistas, mercados paralelos y mercenarios tecnologizados que cobran sueldo como privados en las narices mismas de soldados a los que aún les pagan como empleados públicos.
Ese terreno ya había sido visitado con espeluznantes resultados por la notable serie de HBO Generation kill, pero The hurt locker (que, para variar, aún no tiene distribuidor en Chile) agrega a la mezcla su buena cuota de tensión, dinámica, emocionalidad y -no hay otra forma decirlo-sentido del espectáculo. Y ahí es donde entra a la mezcla Kathryn Bigelow.
Los que tengan buena memoria la recordarán como la juvenil directora de Near dark (1987), vicioso filme de vampiros que poco y nada tiene que ver con las fantasías rosa tipo Crepúsculo; pero durante la mayor parte de su carrera la realizadora ha preferido desaparecer detrás de subproductos del policial (Blue steel), filmes de acción extrema (Punto de quiebre) y una que otra fantasía irresponsable (Strange days). Un currículum que haría sentido si uno quisiera dirigir otra secuela de Misión imposible o un blockbuster sobre el fin del mundo, pero algo extraño viniendo de una seria egresada de arte de la Universidad de Columbia y alumna de Susan Sontag, que pensó dedicarse al cine experimental (pero que luego se casó y se separó de su mentor, James Cameron).
Buena parte de la cobertura de prensa en torno a Bigelow y su eventual Oscar da cuenta que se trata de una mujer cineasta que, para trabajar, no necesita recurrir ni a los dramas ni las comedias románticas (dos géneros que Hollywood suele reservar para sus escasas directoras con empleo), sino que se ha internado con porfía en un terreno que la industria define tácitamente como masculino. Ahora, ¿qué clase de tensiones y demonios internos carga esta directora para centrarse una y otra vez en personajes obsesionados por la violencia y sus subproductos? Quizás la pregunta debería ser más simple: ¿Qué nos importa? Es lo que la define como artista. Y más que nunca después de un filme como The hurt locker, que disuelve la vergonzosa disparidad de sexos cinematográfica en una respetable nube de humo, balas y paranoia.
Nota: Si Bigelow se gana su Oscar este 7 de marzo, estaría dejando en el camino a una respetable pandilla de hombres que también pretenden tener su opción - Quentin Tarantino (por Inglorious basterds), Lee Daniels (por Precious) y Jason Reitman (por Up in the air); pero está claro que el personaje a derrotar es James Cameron por Avatar. Dos ex esposos compitiendo por un Oscar. Digno de una película.

















